ALGUNOS CONSEJOS PARA HACER DE LAS HIJAS Y DE LOS HIJOS BUENAS LECTORAS Y BUENOS LECTORES


Por Mariano Coronas Cabrero

¡Qué fácil es escribir un título así para generar expectativas! ¡Y qué difícil es armar un decálogo o algo similar con orientaciones que realmente sean efectivas para lograr lo que el titular anuncia o sugiere! Creo que hay que ser honesto y dejar claro desde un principio que no existe ninguna fórmula que garantice el éxito en esta empresa. Podemos (y debemos) hacer todo lo posible para organizar un protocolo de actuaciones que tiendan a conseguir que nuestros hijos e hijas se acerquen a los libros con creciente curiosidad y que sus experiencias lectoras en la infancia y adolescencia estén presididas por el contacto con buenos libros, por la libre elección de lecturas, por el poso fértil que guardarán en su interior con todas las lecturas en voz alta escuchadas (tanto en la escuela como en el seno familiar)… Al final, habrá que esperar que ese hijo o esa hija a quien hemos mimado, a quien hemos rodeado sin agobios de libros y lecturas, decida convertirse en lector o lectora, en miembro de ese grupo de personas que ante un libro abierto mudan su semblante a medida que cambian de página, a medida que avanza la historia y están dispuestos a aislarse algunas tardes para devorar literalmente el libro que ha caído en sus manos.

Desde el seno familiar podemos manifestar nuestra preocupación porque nuestros hijos e hijas sean al final lectores y lectoras convencidos, sólo si nosotros y nosotros leemos habitualmente y entendemos que el mundo (el nuestro) sería algo más aburrido y pobre si no existieran los libros. Desde nuestra posición de amantes de los libros y practicantes habituales de la lectura, podemos actuar y desarrollar algunas estrategias favorecedoras del gusto por la lectura, si atendemos los siguientes aspectos:

• Atención al folklore oral. Las primeras caricias deben ser las palabras: recitadas, cantadas, tarareadas… Los juegos con dedos, manos, retahílas, formulillas…Si no tenemos memorizada una buena reserva, podemos echar mano de algunos libros que las recopilan.

• Igualmente, no deben faltarles a nuestros hijos las lecturas en voz alta de álbumes bien ilustrados, de cuentos diversos, de poemas. Acariciarles con nuestra voz hará de la lectura y de los libros una experiencia emocional y significativa.

• Es conveniente –importante, diríamos- que nuestros hijos e hijas tengan la posibilidad de imitarnos porque, cuando estemos en casa, nos vean habitualmente con libros en las manos o sentados leyendo libros, prensa, etc. Es importante y muy conveniente que demos ejemplo.

• Esa defensa silenciosa y honesta de la lectura debe ir enmarcada en una apreciación por la cultura en general: uso frecuente de los fondos de la Biblioteca Pública; visitas a museos y exposiciones; asistencia a funciones de teatro, a presentaciones de libros, a proyecciones, charlas, etc. no deben faltar en la agenda familiar.

• La actualidad está salpicada de acontecimientos de todo tipo. De muchos de ellos podemos plantearnos seguimientos especiales: consultando libros, otras fuentes informativas, periódicos… Siempre que podamos, debemos referenciar la actualidad a documentos escritos: libros, diarios, monografías, revistas, páginas Web…

• La pertenencia del padre o la madre o de los dos a Grupos de Lectura de personas adultas, dependientes de la biblioteca escolar del centro donde estudian los hijos o de la Biblioteca Pública más próxima puede ser un factor favorable. El grupo lee y habla y allí podemos encontrar apoyos y sugerencias inesperadas y útiles.

• Pedir en el colegio que pongan en funcionamiento “La maleta familiar” o cualquier otra estrategia de acercamiento de libros (y otros materiales susceptibles de ser leídos) a los domicilios por un tiempo determinado, para leer en familia.

• Organizar, de manera colectiva, la biblioteca familiar: un espacio acumulativo en el que vamos colocando los libros que vamos comprando y que vamos leyendo. Sería importante disponer de un espacio especial, aunque en general habrá que compartir espacio y protagonismo con la TV, casi con toda seguridad. Es posible que el niño o la niña prefieran tener su propia biblioteca en la habitación…

• Visitar las Ferias del Libro, que se celebren en la localidad o en las localidades próximas. Suelen ser encuentros festivos, fiestas cívicas con muchas actividades de reclamo y con libros como principales y necesarios protagonistas.

• Hoy día es posible disponer del correo electrónico de muchos de los autores, de las autoras, de las ilustradoras y de los ilustradores de los libros que estamos leyendo (o bien podemos utilizar como mediador a la editorial que publica los libros). Tras la lectura del libro, podemos escribirles para conocer su opinión y contrastarla con la nuestra.

• Coleccionar puntos de libro o marcapáginas, firmas de autores y autoras, fotografías de los mismos… Realizar dossieres de noticias de prensa que hablen de libros, de lecturas, de autores/as e ilustradores/as son actuaciones que ayudan a mejorar la sensibilidad hacia esos temas.

• Presentar los libros que compremos en casa. Mostrarlos a los demás miembros de la familia y comentar por qué los hemos elegido: sugerencia de alguien, reseña en una revista o periódico, por el texto de contraportada, porque el autor o autora son de confianza…

• Hablar de las lecturas que cada miembro de la familia va haciendo (o hacer referencias tangenciales, anecdóticas sobre algo que hemos leído y que resulta interesante u oportuno comunicar); recomendarles y recomendarnos títulos.


Lo más importante es posible que sea que nuestra “animación” resulte natural; fruto de nuestra afición a leer de manera diaria o muy frecuente. Que no sientan que estamos imponiéndosela. Que seamos honestos: como nos gusta, hablamos menos de lo que practicamos. La decisión última siempre estará en manos de nuestros hijos e hijas, pero, si tenemos en cuenta algunas de las pautas expresadas más arriba, es posible que sobre el poso fértil que fueron acumulando los primeros años de su vida (y aún sabiendo de las intermitencias de la afición a leer), florezcan deseos de leer, necesidad de acercarse a los libros, avidez por descubrir las respuestas a algunas preguntas…


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Visto y leído en: La cadiera de Macoca

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Ilustración de Paola Pappacena

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